ALASHA

Cuando el alma tomó el mando

El arte de encajar las piezas

Siempre me ha fascinado comprender cómo funciona el universo, la naturaleza y la forma en que se expresa y desarrolla la vida, desde lo más ínfimo hasta la manifestación de su máximo potencial. Y también he disfrutado creando, inventando y encontrando soluciones.

Tal vez movida por las ganas de crear, cuando llegó el momento de decidir mis estudios, me decanté por la arquitectura. Me atraía la idea de concebir espacios donde las personas pudieran sentirse acogidas, seguras y libres para ser ellas mismas.

No obstante, mientras daba mis primeros pasos en la construcción, apareció en mi vida algo más sutil: la energía. Me di cuenta de que, más allá de los lugares físicos, lo que realmente me interesaba era el espacio interior desde el que cada ser humano construye su vida.

Comenzó entonces un largo recorrido de exploración y aprendizaje en torno al conocimiento de uno mismo, la conciencia, el alma y los diferentes caminos de transformación personal, desde tradiciones ancestrales hasta enfoques contemporáneos orientados al autoconocimiento, el bienestar y el desarrollo humano.

Y descubrí que acompañar a las personas a encontrarse consigo mismas y hallar el sentido de su vida da sentido a la mía.

 

 

Paralelamente, la expresión artística seguía acompañándome en silencio.

El dibujo y la creatividad me habían acompañado desde la infancia. Dar forma a mi particular visión del mundo a través de las imágenes fue siempre uno de mis grandes sueños. Durante años quedó en un discreto segundo plano, aguardando el momento oportuno. Pero aquello que forma parte de nuestra esencia no desaparece; espera. Y llegó un momento en el que ya no pude seguir ignorando esa llamada.

Recuerdo aquella etapa como un diálogo entre el impulso de crear y el miedo a hacerlo. Una batalla se libraba en mi interior. Mientras algo pugnaba por abrirse camino, la inseguridad y las dudas frenaban cualquier expresión creativa.

Y un día por fin, el alma tomó el mando y sin expectativas ni ideas preconcebidas, cogí lápices de colores al azar y le permití expresarse a sus anchas. Al parecer, tenía mucho que contar. Me sorprendió el resultado, me estremecí ante la fuerza que emanaba del papel y el misterio de su significado.

Entonces fui consciente de que la vida me pedía desarrollar aquello que estaba naciendo. Fue el principio de Alasha, aunque yo entonces aún no lo sabía.

Con la intención de dar forma al mundo de estas dos facetas, intentaba crear proyectos separados: el arte por un lado y el acompañamiento por otro. Mientras buscaba una identidad para cada uno de ellos, apareció de forma inesperada una palabra: Alasha.

La anoté en un sobre que había por allí, segura de su valor, aunque no de su significado, pero con la certeza absoluta de que esa extraña palabra lo abarcaba todo y no necesitaba seguir dividiendo aquello que, en esencia, era una misma cosa.

Alasha nació como la integración de todo mi recorrido: un espacio donde confluyen el arte, la creatividad, la conciencia, la exploración interior y el acompañamiento a otras personas en sus propios procesos.

Hoy continúo recorriendo ese camino, aprendiendo, creando y dejándome sorprender por todo aquello que aún está por descubrir.

Hasta que llegó Alasha...