
De la intuición al papel
Una cartografía, trazo a trazo
La cartografía es un acto creativo guiado por la intuición.
La obra emerge de forma intuitiva y sin intención previa a partir de la conexión con el alma de la persona a quien va destinada. Al inicio, es lo único que sé y, a veces, ni tan siquiera eso. No conozco a quien la recibirá cuando el encargo es un regalo. A menudo, incluso el formato del papel, su tamaño y la orientación vienen determinados por la propia intuición.
No existe un diseño previo ni una imagen que se pretenda obtener. Se desconoce qué formas aparecerán, los colores que surgirán o cómo se irán relacionando entre sí. Es la intuición la que guía cada decisión: qué color tomar, cuándo mezclarlo con otro, dónde intensificarlo, suavizarlo o cuándo un trazo ha llegado a su fin.
Las formas y los colores afloran al papel de forma libre, aparentemente al azar, y lo que en un principio parece un error, acaba cobrando sentido e integrándose de manera totalmente coherente con el conjunto.
En ocasiones me surge una idea de lo que hay que dibujar: no un boceto completo, sino un animal, un círculo o una forma concreta. A partir de ahí, el resto sigue desarrollándose sin expectativa.
Normalmente el dibujo no se realiza de una sola vez. Puede desarrollarse a lo largo de varios días o semanas.
A medida que el dibujo se aproxima a su fin, comienza a emerger una comprensión global de la obra. No es un análisis racional, sino una percepción que aparece de forma espontánea y empieza a conectar todos los puntos. Esa comprensión permite vislumbrar parte del significado de la cartografía y una pincelada de lo que puede aportar a quien la recibe.
Pero no es hasta que el último punto de color ha sido pintado y cada pieza ocupa su lugar en el conjunto que se produce la revelación y la cartografía cobra sentido.
Si quieres que trace tu cartografía
Recibirás una obra trazada a mano desde la presencia, original y única, cuyo alcance trasciende la estética y lo que nos llega a través de la vista. La conexión con el alma a la que está destinada le confiere una profundidad que permanece viva a través de la contemplación. Con cada mirada pueden revelarse nuevos matices.
Es habitual que compartamos heridas y anhelos, especialmente con quienes tenemos vínculos afectivos. Por ello, aunque la cartografía haya sido trazada para ti o para alguien a quien se la vayas a regalar, otras personas podrían resonar con ella y beneficiarse de su presencia, la familia, amistades cercanas e incluso algún espontáneo que se acerque con curiosidad. Al mismo tiempo, esta presencia contribuye a armonizar el espacio en el que habita.
