El recorrido de una sesión

La energía revela el camino

Los primeros minutos de la sesión se dedican a compartir y a escuchar. Cada persona llega con un asunto que desea resolver o simplemente mejorar, pero no es necesario conocer toda su historia ni profundizar en los detalles. Ese asunto es solo un hilo del que tirar para acceder a lo que realmente necesita ser visto.

El objetivo no es averiguar la causa de todo, sino devolver a la persona la fortaleza necesaria para dejar de resonar con aquello que la limita. Por eso, la sesión deja de centrarse en el relato. No es en lo que se sabe de uno mismo, sino en aquello a lo que aún no se ha prestado atención donde se encuentra la información que necesita ser reconocida para que se dé una transformación.

El proceso no lo guía la mente consciente ni un protocolo. Es la propia energía la que indica el camino.

Desde un estado de neutralidad, la intuición va desvelando, capa a capa, los aspectos que precisan ser atendidos. Cuando el primero ha sido fortalecido, el siguiente pasa al primer plano. Se continúa así hasta que la propia sesión encuentra un punto natural de cierre, una vez integrado todo lo que estaba disponible para ser ordenado.

Lo que pide ser fortalecido es muy diverso. Puede tratarse de memorias, emociones, creencias, patrones, una parte del cuerpo o cualquier otro aspecto que contenga información pendiente de resolver. Pero no solo se fortalecen debilidades, también pueden fortalecerse cualidades o capacidades si es lo que la persona precisa.

Los cambios en la energía son inmediatos. Lo que ha sido liberado queda liberado. La forma en que ese cambio se manifiesta en el estado de la persona o en su vida dependerá de muchos factores.

Habitualmente, al terminar la sesión hay una sensación de mayor serenidad y claridad. Aunque la situación externa no haya cambiado, la persona ya no es la misma frente a este problema. Se ha transformado la forma en que la vive y la afronta.

Cuando estamos fuertes ante una circunstancia dejamos de quedar atrapados por ella. Lo que sucede ya no nos domina y, por tanto, nos resulta más fácil encontrar soluciones que antes no veíamos.

La claridad no se fabrica; aparece cuando deja de haber interferencias.